La vida es un misterio. Hemos oído con tanta frecuencia esta afirmación que, no es extraño que se nos Andrés Díaz de Rábagoescape el verdadero significado de sus dos extremos: vida y misterio.

En la tarde del pasado día primero de mayo, pasé varias horas en el “Tien Educational Center” conversando con dos compatriotas nuestros de sencilla apariencia, pero de una vida sorprendente. Unos minutos antes de las cinco y media de la tarde, sonó el teléfono móvil del jesuita gallego P. Andrés Díaz de Rábago: “Padre, no se olvide que la Misa empieza en un par de minutFernando Mateos Bacas, S. J.os”.

Andrés tuvo que dejarnos y continué conversando por un rato más con el otro jesuita, el extremeño P. Fernando Santiago Mateos Bacas. Se hacía tarde. Fernando me acompañó hasta el coche y como quien no puede aguantarse por más tiempo, me pregunta: “¿Por qué Andrés nos ha hablado de esa forma tan enérgica sobre el incidente de ‘Tien-An Men’?”

A lo largo de nuestra conversación, los dos fuimos testigos de cómo Andrés, un hombre de 92 años de edad, se transformaba en un enérgico joven lleno de decisión, fuerza, poder, entusiasmo e indignación. “Los estudiantes de ‘Tien-An Men’ fueron utilizados y enviados a la muerte maliciosa e impunemente”. Os digo de verdad que el rostro de Andrés no era el de su sonrisa que luce constantemente.

Me encontraba en frente de un hombre que, al inicio de la guerra civil española, había terminado prácticamente su carrera de medicina y que, como todo buen ciudadano, había estado prestando sus servicios médicos en la contienda hasta llegar al grado de Teniente. Eran más vidas tronchadas, aunque en esta ocasión fueran las de los estudiantes chinos. No os extrañéis que el amor a la vida sea la esencia misma de Andrés.

En 1940, Andrés termina su licenciatura en la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela y decide entrar en el Noviciado de la Compañía de Jesús en Salamanca. Allí cursará sus estudios de Humanidades Clásicas, para continuar luego con su licenciatura en Filosofía en la Universidad de Comillas, al mismo tiempo que termina su Doctorado en Medicina en la Universidad Complutense de Madrid en el año 1947. Para vuestro conocimiento, el título de su tesis doctoral es: “La tomografía en el estudio radiológico del raquis dorsal”.

La vida de Fernando comienza en el fértil valle cacereño de Cilleros un 25 de julio del año 1920. Dada su proximidad a Salamanca, será allí donde en 1937 termine sus estudios de Bachillerato en el Instituto Nacional de Salamanca. En 1938 decide ingresar en el Noviciado de los Jesuitas en la misma ciudad. Aunque tres años más joven que Andrés, Fernando lleva a Andrés dos años más de veteranía en los anales del servicio a la Compañía de Jesús. Como Andrés, Fernando realiza sus estudios de Humanidades Clásicas en Salamanca y obtiene su licenciatura en Filosofía en la Facultad de Oña (hoy día, la Universidad de Deusto). Del 1946 al 1948 Fernando pasa dos años como profesor de los clásicos greco-latinos y de literatura española en la Universidad de Comillas antes de irse a Pekín para iniciar sus estudios de chino en donde ya le estaba esperando Fernando que había ido a finales de 1947.

¿Qué hacía en Pekín esta pareja de paisanos nuestros en medio de otra guerra civil, esta vez, entre el Kuomintang de Chiang Kai-shek y el partido comunista de Mao?

- “Santiago, me comentaba Andrés, tú sabes que con el incidente de Mudken en el otoño de 1948, se inicia la derrota del Kuomintang. El día en que por la radio nos enteramos de la caída de Manchuria en manos de los comunistas, la vida en Pekín se convirtió en la misma tragedia que me tocó vivir en Santander el 28 de agosto de 1947, unos días antes de mi marcha a China. La gente caminaba por las avenidas de Pekín con el mismo aire de trágicos fantasmas, lo mismito que los santanderinos y el resto de los españoles lo hacían en todas las ciudades y pueblos de España”.

Os tengo que reconocer que Andrés me pilló fuera de juego. ¿Cómo me podía imaginar yo que en esos momentos trágicos, Andrés estuviera pensando en la tragedia que vivió España entera cuando en una corrida de toros en la plaza de Linares moría Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, mejor conocido por “Manolete”? Así es Andrés.

En aquella ocasión, el General Franco ordenó tres días de luto nacional. Pero el luto en China iba a seguir por mucho más tiempo.

Para poder continuar con sus estudios de chino, a nuestra pareja de jóvenes no les queda más remedio que trasladarse a Wuhu y Anking en la provincia de Anhui donde los jesuitas españoles se habían establecido para desarrollar sus labores misioneras.

En 1949 los comunistas derrotan al ejército de Chiang Kai-shek que se translada a Taiwán con todo su gobierno. Sin embargo, nuestros valientes paisanos se quedan en Shanghai estudiando teología en la Facultad de Zikawei por otros tres años más.

Fernando me comentaba que esos años de vida bajo el control comunista fueron años de auténtico infierno. Los empleados en la Facultad de Teología eran todos espías comunistas. Ahora bien, yo me pregunto que tipo de informes pasarían estos espías a sus jefes comunistas cuando el idioma en el que se entendían tanto profesores como alumnos era nuestra querida lengua latina…

En 1952 y en previsión de las medidas de represión que estaba aplicando el gobierno comunista, los superiores deciden adelantar la ordenación sacerdotal de Andrés y en abril de ese año es ordenado sacerdote. Pero, desafortunadamente, en mayo de 1952, un mes después de su ordenación, todos los misioneros extranjeros son expulsados de China.

Fernando se ordenará sacerdote en 1953 tras terminar su licenciatura en Teología en la Facultad de San Roberto Belarmino en Baguio (Filipinas).

Andrés recibe la orden de sus superiores de obtener su Doctorado en Teología en la Universidad de Santo Tomás en Manila. En 1956, Andrés defiende su tesis doctoral sobre “Moralidad en el transplante de órganos”. A partir de este momento las vidas del gallego y del extremeño toman caminos diversos.

Del 1956 al 1961 Andrés pasa a ser profesor en la “Araneta University” en Manila. En 1961 Andrés es nombrado Rector del Seminario Diocesano de Dili (entonces el Timor portugués) cargo que desempeñará hasta 1969 cuando regresa a Taipei para seguir en su misión  de servicio a China en el “Tien Educational Center”. Creo que es digno de notar que en su etapa Timorense, Andrés tuvo como alumnos suyos a Mons. Carlos Filipe Belo (el primer Timorense nombrado obispo de Dili y primer obispo católico Premio Nóbel de la Paz ) y a “Xanana” Gusmao que en el 2002 se convirtió en el primer Presidente electo del Timor independiente.

Por su parte, Fernando pasa los años 1956 al 1958 retomando su viejo cargo de profesor de Lenguas Clásicas y  de Español en Quezon City en Filipinas. Del 1958 al 1960 es profesor de español en la Universidad Nacional de Taiwán. Luego irá a Changhua para seguir desempeñado sus labores como profesor de lenguas clásicas.

Personalmente, pienso que hay cinco años en la vida de Fernando que merecen una mención especial. Son esos años del 1965 al 1970 que coinciden con la “Revolución Cultural china” y que Fernando pasa en Hong Kong como asistente del legendario jesuita húngaro P. Landaney. Este extraordinario jesuita húngaro fue el creador del semanario “China News Analysis”, la única fuente de información fidedigna que poseía el mundo occidental durante los primeros años de la historia de la R.P. China. El joven Fernando fue el creador y redactor del boletín en español titulado  “Realidades Chinas” y que desgraciadamente no pudo seguir publicando por falta de medios.

A partir del 1970 encontramos a nuestros dos paisanos trabajando de nuevo en Taiwán. Andrés será contratado por TNU para dar clases de “Deontología Médica” y “Etica Farmacéutica” dentro de la Facultad de Medicina y de “Lengua Latina” en la Facultad de Lenguas. En 1971, Andrés fue trasladado al “Aurora Center” el centro que habían establecido en Taipei los jesuitas franceses sucesores de la prestigiosa “Universidad Aurora” de Shanghai. En 1982 regresará de nuevo al Tien Educational Center para proseguir con sus clases en TNU hasta el año 2000.

Durante 20 años (1970-1990), Fernando seguirá de profesor titular de Lengua y Literatura Españolas en TNU y de profesor de Metodología en Fujen University. Hasta 1998 continuará como Profesor Emérito enseñando griego en TNU y Estilística y Crítica Literaria en Fujen Univ. Pero por si todo esto no fuera suficiente, dejadme mencionar otra de sus grandes obras: los preciosos y singulares diccionarios de Chino/Español y de Español/Chino. En 1977 se publica el primer diccionario de chino-español que será el mejor regalo que los Reyes de España hicieran al Presidente chino en su primera visita a la R.P. China. Pero el gran trabajo de Fernando es el diccionario de Español-Chino que se publicó en 1987 y en el que todavía continúa trabajando para modernizarlo y completarlo. La dedicación callada y perseverante a la perfecta realización de su trabajo, es la esencia de la vida de Fernando.

El primer organismo oficial que reconoció los grandes méritos de Fernando fue el Ministerio de Educación de Taiwán con la concesión de la condecoración “Sz Wei” ( las cuatro virtudes) como premio a su labor educativa. Luego vino la condecoración “Chin Ding” (caldera dorada) del Ministerio del Interior de Taiwán reconociendo fundamentalmente la gran obra del diccionario Español-Chino. Finalmente, en el año 2002, fue el gobierno español el que le nombraría Comendador de la Orden de Isabel la Católica.

Por su parte, Andrés había sido ya galardonado en el año 2000 con la Orden de Isabel la Católica en su rango de Oficial. Y varios años antes, el gobierno de la Xunta de Galicia le había concedido ya la Medalla de Bronce de su gobierno.

La verdad es que podría seguir hablando por mucho más tiempo

sobre nuestros dos ilustres paisanos. Pero, a veces, el silencio es más elocuente que las mismas palabras. Tengo una petición que haceros. Permitidme que me contradiga a mí mismo, en línea con el sentir tradicional de la cultura china en la que nos encontramos viviendo, para deciros que “La vida no es un misterio”. Andrés y Fernando nos han enseñado que el secreto está en saberla vivir. Andrés sigue curando cuerpos y sanando almas, y Fernando sigue iluminado mentes y fortaleciendo espíritus. Esta es la vida de nuestros dos veteranos jesuitas en China.

Desde el fondo de mi corazón rindo mi más sincero homenaje a estos dos grandes hombres y os suplico con toda mi alma que os unáis a mí en este merecido homenaje:


¡ENHORABUENA, Andrés y Fernando!

Muchas gracias a todos vosotros.

Taipéi, 9 de mayo del 2009.