Después de veinticuatro años al frente del restaurante Hola (Kaohsiung) Ángel Martos se retira a sus paisajes castellanos de Aranda de Duero y a la limpia atmósfera aragonesa de Zaragoza. Allí vivirá a caballo entre dos poblaciones eternas y emblemáticas, un espacio cultural y gastronómico que él y su esposa Elena Chen supieron trasladar con una fidelidad numantina (reflejo de todos los valores ibéricos) al mundo asiático del sur taiwanés.

Podríamos decir que nunca antes ni después se podrá vivir la genuina cultura española (en toda la extensión de cada una de esas palabras) como en el restaurante Hola se ha vivido. Consistió en un deseo, un logro y un éxito que nos haría recordar al impulso que los viejos conquistadores españoles desplegaron por el orbe y que hoy ya es reliquia, arqueología, recuerdo o sueño. Ángel (no quiero olvidar a Elena) ha sido un tenaz empresario y un majestuoso cocinero, un disciplinado hombre, pues allí, en el Hola, se ha podido hacer amistad con todo español (y no español) bien informado, de corazón abierto, de paladar exigente y de conversación incansable. Allí he conocido y he frecuentado a casi todos mis mejores amigos que tengo de Taiwán. Hemos disfrutado del buen vino, de inmejorables platos y de interminable conversación. Los que lo hemos vivido lo sabemos y todo ello irá siempre en nuestro magín y nos acompañará en nuestra visión del mundo tras el trascendental paso por Taiwán. ¡Gracias Elena y Ángel, y a su hija Alicia, por tanta dedicación, tanta amistad y tanta verdad! La experiencia vivida en Hola puede que sea ya irrepetible si lo comparamos con otro cualquier lugar gastronómico de España en Asia. Es difícil que tantos cuadrantes puedan coincidir en la misma dirección, con el mismo empeño y con gentes de tan elevada valía.