Andrés, hermano,

ayer me anunciaron

tu fallecimiento,

me está costando aceptarlo,

hoy siento que sigues vivo,

ante mí surgió tu figura

llena de vida,

pícara sonrisa,

complexión gallega,

bambú cimbreante,

supe que decidiste

seguir viviendo,

¿dónde?

si ya no tienes cuerpo,

el bambú cortado

en polvo termina.

 

¿A qué lugar te diriges?

te atrajo el camino de Jesús,

seguiste sus pasos,

en el amor por el hombre,

tu existencia fijaste,

sanando sus desventuras,

el bienestar del otro,

la dicha de tu vida era,

de esto, somos testigos.

 

Ahora lo veo más claro,

en la ilimitada vida del amor

sigues viviendo tu dicha,

la vida que descubriste

con formas insólitas,

de luz y energía plenas,

estado poseído por todos,

pero imposible de narrar,

infinito, ilimitado, aparente

caos para ser vivido

en el singular proceso de

la unidad natural en la vida

del universo, en el tiempo,

tras tus pasos, caminamos.

 

 

                                   Santiago M. Rupérez

                                   Taipéi, 16 de junio de 2022