Al saber la noticia del fallecimiento del P. Manuel Piérola (OAR) quisiera dedicarle unas pocas líneas  para recordar uno de los aspectos principales, que él tanto apreciaba; el de profesor y educador. No conocí bien otras facetas de Piérola, como su dedicación a su trabajo pastoral en su parroquia de Kaohsiung, pero por mis contactos académicos de entonces, entre FuJen y la que hoy es Universidad Wenzao, sé que el recuerdo e influencia de Piérola entre los alumnos de español ha sido muy importante.

Hay que señalar que el nombre original de Wenzao fue Wenzao Ursuline Junior College of Modern Languages y que sólo en 1980 se comenzó a admitir estudiantes varones, lo que explica que la mayoría de los antiguos alumnos formados en los años de trabajo de Piérola hayan sido mujeres, que hoy ocupan una proporción muy elevada de los puestos de profesoras de español de las universidades y centros donde se enseña español. Pero siendo fiel a nuestro idioma, hablaremos de todos los alumnos de Manuel Piérola.

Uno de los principales méritos de Piérola, al igual que el de la mayoría de los profesores españoles de los primeros años de enseñanza del español en Taiwán, fue el tratar de mejorar la escasez de medios y de material didáctico. En España sólo hasta finales del siglo XX se dio importancia a la difusión de nuestra lengua en el mundo, y consiguientemente no hubo hasta entonces una producción editorial importante de material didáctico del español para extranjeros. Problema agravado en Taiwán adonde sólo llegaban libros de español para europeos, que en muchos aspectos no se adaptaban bien a las necesidades y problemas de los alumnos taiwaneses. Esto avivó y agudizó la dedicación de profesores como Piérola para mejorar en todo lo posible los frutos de su enseñanza. Recordemos sus palabras, en una carta que me escribió contándome esos problemas:

 

Aquellos fueron años alegres, muy gratificantes, pero difíciles: faltaban textos, faltaba el interés social por los idiomas que no fueran el inglés, faltaba dinero...Los religiosos y religiosas ocupamos un puesto relativamente importante. La mayor parte no teníamos títulos. Sabíamos nuestro idioma y adquirimos una cierta práctica docente que fue eficaz hasta hacer que la fama favoreciera a nuestra escuela y a nuestras alumnas[1]

 

Solo quería resaltar en este breve recuerdo esas palabras que muestran la vocación del maestro. Faltaba…faltaban…Lo que hace a un verdadero maestro no son los medios, sino la dedicación y la vocación. Hoy fácilmente nos olvidamos de esto y medimos el fruto de nuestra enseñanza cuantitativamente, pero lo que verdaderamente recuerdan los alumnos es la entrega y dedicación del maestro.

En el tiempo en que Manuel Piérola dirigió el departamento de español de Wenzao su máxima preocupación siempre fue poder ofrecer a sus estudiantes lo mejor en profesorado, proporcionar medios didácticos adaptados y apreciados por los alumnos, atraer invitaciones de charlas y conferencias que abrieran horizontes e ideales, y sobre todo animar a sus mejores alumnos para que buscaran y encontraran lo mejor para su futuro, ya fuera en el campo académico siguiendo estudios universitarios, o en el laboral usando los idiomas aprendidos en Wenzao. Pero todo ello siempre desde una perspectiva de la calidad y no de la cantidad.

Vivimos tiempos de cambios y en el campo de la enseñanza y de la educación vemos como se difuminan y desaparecen valores que algunos quieren sustituir por razones de modernidad, avance y progreso. Pero estoy seguro de que si preguntamos a los que fueron alumnos y alumnas de Piérola, la mayoría recordará valores humanos, de respeto, de dedicación y de interés por sus problemas concretos y vitales. Recordará a la persona más que al profesor, recordará su interés y su dedicación más que su brillantez o búsqueda de fama y reconocimiento de los mismos alumnos o del centro educativo.

Manuel Piérola ya no está entre nosotros. Pero si alguien nos deja un recuerdo, que para muchos de sus alumnos estoy seguro que es imborrable, podemos decir que ha cumplido plenamente con su misión. Porque, aunque no quede anotado ni reseñado en ningún libro, permanecerá siempre vivo en el recuerdo y en la memoria de sus alumnos.

 


[1]  Alvarez, J.R., Españoles pioneros de la enseñanza del español en Taiwán (1950-1980), Encuentros en Catay, n. 16, año 2002, pág.30.