En primer lugar, dar la enhorabuena desde la Peña Atlética Formosa a todos los atléticos del mundo por la undécima liga merecidamente ganada tras un emocionante ejercicio de esfuerzo, tenacidad, y como siempre, mucho sufrimiento, como bien reza el himno de esta gloriosa institución.

Nos reunimos unos pocos amantes del fútbol para ver una final con mucha historia: la final del Mundial de Alemania 74 que enfrentó al equipo local con Holanda en el estadio Olímpico de Múnich.

Frente a frente los dos mejores equipos del torneo. Por un lado Alemania, por aquel entonces Occidental, capitaneada por Franz Beckenbauer, caudillo de la defensa de clase infinita. Enfrente la Naranja Mecánica liderada por Johan Cruyff, genio, figura y abanderado de la selección holandesa que había deslumbrado en el torneo con su Fútbol Total. Junto a ellos, la columna vertebral de los dos equipos que marcarían dicha época: el Ajax de Ámsterdam, que venía de ganar las Copas de Europa del 71 al 73, y el Bayern de Munich, que ganaría los 3 años siguientes, del 74 al 76.

El choque fue vibrante, sin especulaciones ni reservas en el centro del campo. Desde el punto de vista de un espectador actual, sorprende la riqueza táctica, técnica y de intensidad que ya se imprimía en esa época. En un momento determinado del encuentro, se vio algo que ya había aplicado el equipo Orange anteriormente durante el torneo, y es que cuando Alemania retrasó la pelota, todos los jugadores holandeses esprintaron sincronizadamente hacia el jugador alemán que la llevaba, dejando en fuera de juego a 5 o 6 jugadores contrarios. Una maniobra audaz e inaudita. Otras curiosidades que llaman la atención es que los porteros de ambos equipos jugaron la final ¡sin guantes!, incluso el portero holandés llevaba el número 8, por lo que parecía un jugador de campo más. Por aquel entonces los banquillos eran eso, bancos de madera, y si aquel día del verano muniqués cae una tormenta imagino que el cuerpo técnico y los suplentes se habrían quedado allí aguantando el chaparrón. Sorprendente también cómo los jugadores de ambos equipos aguantaban con hombría tarascadas que harían rodar y retorcerse de dolor a la mayoría de los jugadores actuales.

De las dos estrellas, brilló más Beckenbauer, el padre de los defensas imperiales, quien nos deleitó abortando las incursiones visitantes pero sobre todo repartiendo juego, ¡qué maestría la suya para el desplazamiento en largo! Me pareció que no erró un pase en toda la primera mitad. Por su parte Cruyff - que bajó a recibir el balón y forzó al inicio del partido el penalti del primer gol que convertiría Neeskens con su característica forma de transformarlos: fuerte y al centro -, se encontró más incómodo debido a un marcaje individual de los que ya no se ven, y se le notó un tanto desquiciado protestando al árbitro en el descanso y recibiendo tarjeta por ello.

El partido fue eléctrico y pudo haberse decantado para cualquier lado, pero fue Alemania quien después de igualar el gol inicial de los holandeses también de penalti, se llevaría la victoria gracias al gol de ‘Torpedo’ Müller justo antes del descanso. En la segunda parte, cargas a toque de corneta hacia ambas porterías, pero finalmente Alemania aguantó los embates visitantes y el marcador ya no se movería. Júbilo para los anfitriones, decepción para los holandeses que partían como favoritos.

Para despedirnos, desear a España una buena actuación en la presente Eurocopa, esperemos que desde ahora tengan la misma determinación que ‘Torpedo’ Müller tirando a puerta.