El pasado 30 de abril de 2016 se celebro la XIVª Tertulia literaria en Taichung. En el bar de fumadores del Hotel Evergreen. Puntualmente a las 19,30 h. En esta ocasión la tertulia giró en torno a la lectura de la obra El doble de Fiódor Dostoyevski (1846), y su versión cinematográfica, de Richard Ayoade (2014).

La charla se desarrolló con enorme fluidez, y se centró en el comentario sobre el libro. Una obra que a pesar de entenderse, por gran parte de la crítica, a lo largo del tiempo, como una obra menor de Dostoyevski, en la actualidad se ve como un título que presagia el mundo moderno. Lo intuye. En la novela el protagonista (que no deja de ser el hombre de hoy) queda constreñido por la máquina burocrática de la administración moderna, urbana, coetánea a la eclosión de la revolución industrial. Una transformación social, política y económica en pleno auge cuando el autor emprende la historia, que cuenta cómo Yakov Petrovich Goliadkin queda circundado y observado por su doble. Ello viene a representar la vigilancia del estado sobre el individuo que se ve empequeñecido ante el crecimiento demográfico y la pericia inspectora de la política moderna. Panorama ante el cual cualquier empresa personal está llamada a la frustración y al fracaso, debido a la que los hombres contemporáneos pertenecen ya a una sociedad terroríficamente masificada y vigilada, a veces entre ellos mismos, que no deja resquicio a la libertad individual.

Desde este punto de vista, la obra de Dostoyevski (1821-1881) inaugura todo un ciclo novelístico (Franz Kafka o Milan Kundera) donde la vida del hombre necesita de la psicología, y sufre los asaltos al poder político que le ningunean. El doble diseña para la sociedad la esquizofrenia y la paranoia, enfermedades tópicas de la era industrial y que se instalarán amorosamente en la edad cibernética. Por eso el mundo presente nos facilita inquietantes indagaciones en torno a la mente humana, desde donde cabe la posibilidad de abrir resquicios para el pensamiento humano, ahíto de soledad, en un territorio mundial sobrepoblado, politizado, burocratizado, globalizado, a la manera que lo prefiguró George Orwell.

Menos mal que la lectura nos aporta libertad, al menos la mental, al tiempo que la realidad social nos la oculta.