Acaba de aparecer el número 26, correspondiente al año 2012, de la revista anual Encuentros en Catay, editada por la Casa de España en Taiwán. Conviene subrayar una vez más el hecho singular de que se trata de la única revista cultural en lengua española que se publica en Taiwán, un admirable y heroico esfuerzo que lleva ya 26 años de recorrido, toda una proeza en estos pagos, y aún más en la angustiosa y embrollada época que vivimos. Como bien dice en la “Presentación” su director y fundador, José Ramón Alvarez, Encuentros en Catay es “una revista auténticamente cultural y un lugar de encuentros enriquecedores, ya no sólo de Oriente y Occidente, sino de la amplia variedad cultural que abarca nuestro idioma”. Por todo ello, ¿cómo no seguir apoyando la necesaria continuidad de esta noble empresa de difusión y expresión cultural, de este afortunado encuentro de culturas tan distintas y distantes entre sí? Es casi una obligación ética, si cabe decirlo así, para todos aquellos que hablamos la lengua de Cervantes y vivimos en Taiwán.

Es un número voluminoso, ya que supera las 430 páginas. En sus tres secciones básicas –Oriente y Occidente, Lengua y Literatura, Historia y Cultura– podemos leer hasta 22 artículos del más variado interés. Algunos de ellos nos invitan al debate y la discusión de ciertos temas de candente actualidad, tan imprescindibles como poco afrontados. El número se abre con un breve “dossier” dedicado a Mo Yan, segundo escritor chino galardonado con el Premio Nobel de literatura, en el que se incluye su discurso de aceptación. Mo Yan se autocalifica como un moderno “cuentacuentos” que afirma inspirarse en García Márquez, un motivo más para celebrar este –un creador chino y otro colombiano– y otros “encuentros en Catay”. Cierra el número la breve sección de Creación, con una nueva entrega de la excelente –y corrosiva– serie aforística de “Diagonales” de Juan José Suárez.

Esperamos que este nuevo número de Encuentros en Catay pueda ser un instrumento de consulta provechosa para el investigador y el docente, y una continua fuente de deleite, conocimiento y descubrimiento para el ansioso y curioso lector. Esperamos más fecundos encuentros. Larga vida a Encuentros en Catay.