El 31 de octubre del  2020,  se celebró la penúltima reunión, de este especial año,  del Club del Vino de la Casa de España en Taiwan, en el lugar y la hora de costumbre, Restaurante Sabatini, segundo piso, salón del fondo.

 

Ocupados todos los asientos alrededor de la mesa redonda, la  reunión arrancó con el habitual discurso del Presidente, D Santiago Rupérez, que versó sobre las fermentaciones alcohólica y maleoláctica del vino en el interior de barricas,  el misterioso cambio de los azúcares en alcohol metílico. Una metamorfosis compleja que la explicó con entusiasmo y claridad.

 

Tradicionalmente se controlaba de forma manual con la ayuda de un rudimentario alcoholímetro  y la bujía de un candil para medir la  mengua de oxígeno que había en el aire de las cuevas, en donde fermentaba el mosto en el interior de  las barricas. Durante este proceso químico, si uno arrimara el oído al borde de la cuba  oiría ruidos de batalla que emanan desde su interior. Actualmente la fermentación se realiza en tanques de acero inoxidable en donde este proceso se puede controlar química y mecánicamente, lo que fortalece la destreza de los viejos maestros  bodegueros que con apenas instrumentos y menos conocimientos de química lograban, a ojo,  controlar este delicado proceso de fermentación maloláctica, de ácido málico a láctico por medio de bacteria que se encuentran en la propia piel de la uva.

 

Don Santiago Rupérez también dio la bienvenida al nuevo socio, D. José María López, que atendió por vez primera a esta reunión, seguidamente se procedió a la cata y degustación de un acertado menú con adornos mediterráneos.

 

Después de aparecer en la mesa unos panecillos blancos recién horneados cuyo olor despertó el adormilado y agazapado  apetito, llegaron los entrantes, seguidos  de  una aromática sopa de tomate con almejas. Se cató el primero de los vinos, un blanco de Bodegas Campillo, del grupo Faustino de 2019. D. Antonio Riutort realizó una detallada descripción de esta bodega de la Rioja Alavesa. Un caldo limpio, brillante de color pajizo, noble a la nariz y generoso al gusto con restos de vainilla procedente de la barrica y ligeras notas de tostado. La sopa marinera, con un pequeño adorno de romero y orégano, y el blanco bien fresquito, trajeron al Sr.  Riutort gratas memorias de su mediterránea isla natal.

 

Las variedades Blanco Viura y Chardonay  y la fermentación en barricas de los bosques de roble francés y americano logran que este vino sea redondo al paladar, de gran riqueza de sabores y elegancia.

 

Se sirvió seguidamente un plato de pasta a la carbonara, que acompañamos con el segundo vino de la cata: Sommos Premium 2014.  D.O. Somontano.  Variedades Syrah y Tempranillo. Se aprovechó esta ocasión para ahondar sobre el sistema de conducción espaldera que permite la vendimia mecanizada, que para este vino es nocturna. Grados: 14.5% Vol. Doña Lidia Lee explicó con  detalle su proceso de elaboración y crianza de la bodega de Barbastro.  En la apreciación visual, destacaba un color de fruta roja, brillante  y cristalino. Al olfato un fondo mineral y torrefacto, mezclado de aroma de frutas. Una vez probado, aparecen tonos frutados y torrefactos que persisten en boca. Los taninos dulces le dan al vino una fuerte sensación de equilibro.

 

 

El diseño arquitectónico de la bodega, de formas geométricas, y con estructuras de vidrio y acero  apoyadas en muros de piedra  de mampostería, armoniza los elementos de la arquitectura  tradicional con las tendencias más modernas.  Una bodega de vanguardia en el corazón del Somontano, que como los icebergs sólo se ve la punta, porque ahonda 30 metros por debajo de la superficie de la somontana ladera. También aprendimos el término arcaico de una medida del vino ya en desuso, el garapito o también llamado cántaro. El garapitero era el encargado de vender los excedentes de vinos y aceites de unos pueblos a otros, y cobrar el impuesto municipal. Una colorida nota de cultura  para rematar del tinto de Barbastro.

 

Junto al tercer plato, una carne jugosa de ternera a la brasa, se cató el último vino: Elite, Bodega PradoRey 2015, D.O. Ribera del Duero. D. Ricardo Blázquez, antes de la cata, explicó los orígenes del lugar de donde procede este vino, el Real Sitio de la Ventosilla, que  se remontan al 1505 y a su primera propietaria, la Reina Isabel la Católica. Un palacio de estilo herreriano levantado por el Duque de Lerma para que sirviera de modesto lugar de refugio  a Felipe III en los jornadas de   caza; además por allí pasó una lista de ilustres huéspedes como Lope de Vega y Rembrandt. Un tranquilo lugar a orillas del Duero en donde la historia parece detenerse. Hoy es una hospedería abierta a los visitantes.

 

Gracias  al tesón de  un ingeniero agrónomo, Javier Cremades,  que compró esta finca en 1985, trasformó 500 Has. en una moderna explotación agraria antes de que, incluso, existiera la DO Ribera de Duero, y convirtió la bodega (PradoRey),  una de las más conocidas y la más visitada de esta DO; ahora sus nietos se esfuerzan en que la bodega sea síntesis y realidad  de una agricultura tan sostenible como rentable.

 

Catamos PradoRey Elite  2015, el de gama más alta de la bodega citada. Variedad:  100% tempranillo. Viñedos en suelos de alta concentración caliza y arcillosa. En la copa, se apreciaban ribetes granates que contrastaban con un rojo nazareno intenso en su almendra interior. Cierta complejidad aromática mezclada de frutas maduras, tinta china y esencias minerales fueron las primeras notas que se detectaron en la fase olfativa, que en  boca se convertían en un vino delicado y elegante  con elevada presencia de frutas rojas maduras. Este vino reposó 14 meses en barrica de roble francés y 6 meses en conos de madera de Nevers.

 

Se aprovecharon los postres y el café  para agradecer a la empresa taiwanesa Valen y a su representante D. Germán Dorta la oferta que nos hizo de los tres vinos de los que es agente y distribuidor en la isla y el generoso descuento de  precios ofrecido a los socios de la Casa de España.

 

La cata se desarrolló en un ambiente amable, cordial  y distendido que finalizó con una pequeña sorpresa  a Don Moisés Gutiérrez, miembro fundador del Club del Vino, que cumplió años ese día. Remate entrañable  para un excepcional almuerzo.