El sábado 23 de noviembre (2019), festividad de San Clemente, se celebró la Tertulia Literaria en Taichung, como actividad de la Casa de España en Taiwán. Contó con nutrida asistencia de tertulianos que debatieron sobre la obra de Tony Judt, Algo va mal (2010). Judt, un autor muy conocido, escribió el texto en los postreros instantes de su vida, pues murió el mismo año en el que se editó el libro. En él realiza un alegato a favor de la socialdemocracia, según esta se había conducido como ideología política, en muchos de los estados que siguieron su ideario, mediante una intervención del estado (de los gobiernos de cada momento) para mejorar, con una política racional presupuestaria, la vida de los ciudadanos, vigorizando, el sector público, con ayudas, mejoras e inversiones para que el confort y el nivel de vida se elevaran en la realidad social de cada nación implicada, es decir, con una aplicación del estado del bienestar en aquellos lugares del mundo donde el socialismo no fue mal visto, principalmente, después de la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de que Europa fue el lugar preferente de esa política del estado del bienestar, otros países se vieron influidos por la necesidad de crear una conciencia de estado que atendiera al sector público, tras la debacle de 1929, como por ejemplo en Estados Unidos, con la puesta en marcha de medidas concebidas por el ilustre economista Keynes. Todo ello permitió en el mundo que se viviera un brillante momento de socialdemocracia (que comenzaría en 1930, pero que sería evidente desde 1945 hasta 1970), que posibilitó una etapa de esplendor, de crecimiento y de notable penetración de optimismo, para que los hogares y las personas vivieran un periodo de felicidad continuada. Evidentemente, para Judt, no tuvo idéntico recorrido el ciclo socialdemócrata en los dos países anglosajones asociados por convicciones históricas y morales a una defensa del individuo frente a un estado invasor (EEUU e Inglaterra), al que prefieren debilitado. En ese sentido los países europeos del norte, fueron un ejemplo de visión, planificación y acierto por creer y aplicar los postulados socialdemócratas que desde un estado fuerte promueven una igualdad en la población, por medio de la solidaridad.

Para Judt, todo cambió en la década de los años setenta del siglo XX (es curioso que no aluda en ningún momento a la crisis económica de 1973), cuando de pronto surgió un neoliberalismo (EEUU e Inglaterra, en su avanzadilla) que fue minando esa creencia y esa posibilidad de mantener un nivel fiscal que facilitara al estado pensar en el bienestar de todos los ciudadanos. Judt, crítica duramente ese cambio histórico por el cual nace (según él) un liberalismo voraz que va degradando la vida en común, la sociedad y el estado, en definitiva, que apuesta por el crecimiento desmedido del sector privado frente al sector público. A ese veloz liberalismo agresivo se le unió el hundimiento de los fundamentos de las fuerzas políticas de izquierda a partir de la caída del muro de Berlín en 1989. Esto ayudó a que las fuerzas conservadoras pudieran poner en marcha, con cierta comodidad, sus criterios financieros y especulativos de un capitalismo individualista y privado. Ahora bien, según Judt, a la altura de 2010, nuevos cambios ideológicos iban a cambiar el panorama de la realidad política, pues la crisis económica existente así lo exigía. Judt, no pudo ver la era naciente del populismo, pero la intuyó.

La defensa de Judt de la socialdemocracia como una realidad histórica, de bonanza, a lo largo de varias décadas del siglo XX, da pie a que se pueda abrir un debate de adhesiones y de rechazos ideológicos. Esta misma cualidad del libro es la que favoreció que tuviéramos una tertulia animada, con variadas intervenciones de sus participantes, valiosas, enriquecedoras e incluso polémicas.

Abrazos, desde Kaohsiung.