En la Tertulia literaria de Taichung del sábado 11 de mayo, se habló sobre Michel Houellebecq y la novela que le dio fama mundial: Las partículas elementales (1998). La tertulia estuvo plagada de multitud de amenos comentarios sobre la realidad social del mundo actual y su misterioso futuro.

Para recrear el quid de la cuestión (de una posible lectura) me sirvo de la interpretación de Ramón Rubinat sobre Houellebecq y su novelística. Un análisis que transfiero con las siguientes citas: - “Nuestro máximo triunfo (la emancipación del individuo) es nuestra máxima perdición. Así, la consideración del individuo como sujeto de derechos (esa gran victoria de occidente) nos llevará inexorablemente a nuestro final como civilización, porque supone una emancipación de toda atadura, que en último término nos conduce a las mónadas y a ser una sociedad disgregada”. Para Rubinat, Houellebecq quiere mostrar cómo el liberalismo lleva a la desaparición en la sociedad occidental de toda ligazón: donde surge un individuo que consume y quiere procurarse placer sexual, única atadura que tiene. Un hombre que vive sin la posesión de - “Ningún sentido de la vida, ningún sentido trascendente y ningún pegamento social: este individuo consume sexo (por la lógica consumista liberal: no satisface nunca su deseo: cada vez el sexo va a ser más abyecto, hasta llegar al sadomasoquismo y al sadismo). Es un hombre decadente que llegará al suicidio”.

El hombre actual se mueve entre los dos extremos del liberalismo: “- 1) el liberalismo económico que destroza toda cohesión social, toda moral grupal, todas las relaciones humanas y atomiza al individuo, lo deja solo: mónadas consumistas insaciables. [El hombre que dibuja Houellebecq es un individuo solo, sin estructura familiar, sin conciencia moral, que se procura placer a sí mismo]. Y - 2) la emancipación de la mujer: el individualismo lleva a la emancipación de la mujer que también participa de la destrucción de los núcleos familiares con su incorporación al mundo laboral. Al mismo tiempo, la revolución sexual provoca la disociación entre sexo y procreación, y la asunción de roles masculinos por la mujer emancipada. La mujer queda cosificada por el hombre degradado occidental. Un hombre solo, incapaz, decadente, que acaba degradándose o suicidándose [epítome del suicidio de Europa]”.

A esta deriva solo le sobrevive el Islam y la cultura China.