La noche del pasado 3 de noviembre (2018), en torno a la obra de Ramiro de Maeztu, Defensa de la Hispanidad de 1934, se celebró la XIXª sesión de la Tertulia Literaria de Taichung.

A modo de conclusión, podríamos decir que aunque Maeztu presente un panorama, quizás anacrónico para el devenir actual de un gran colectivo español representado en esta discusión, quiérase o no, la problemática que él plantea sobre la identidad que conformaba el proyecto histórico de lo que fue España cuando en los siglos pasados había señalado un destino quizás universal, seguirá siendo indeleble del modo que Maeztu la defiende.

Es decir, sea que resulte claro o no para este colectivo, digamos progresista o amilanadamente europeísta, el concepto de Hispanidad –que no pertenece exclusivamente a los españoles sino que se trasciende hacia las inmensas tierras allende el Atlántico–, se mantendrá perenne debido a la misma historia que todos los hispanohablantes compartimos y los ideales espirituales que conforman la conciencia ética, incluso en aquellos que desdibujada su fe cristiana, –pero que no desdecirían por ejemplo de la certeza de los Derechos Humanos Universales surgidos de la Escuela de Salamanca en el siglo XVI– ven utópico que algo así como una identidad hispánica pueda seguirse manteniendo dentro de la plural y desidentificadora globalidad dentro de la que se halla la atomizada disgregación hispánica que Maeztu vaticinara.