Sin que deba servir de precedente en la XXVIIIª Cata del Club del Vino se cataron cuatro vinos, todos de la España nor-occidental, como si se hubiera pensado con ello, probando y bebiendo vino, en una retirada estratégica de los problemas patrios.

Con esta cata se cierra la séptima temporada del Club del Vino, una propuesta estrella de la Casa de España en Taiwán, cuyo modelo debería incentivar a producir nuevas y diferentes actividades en suelo formosano. En primer lugar, en la cita celebrada en el restaurante Sabatini de Taipéi, brotó el discurso del Presidente del Club, Don Francisco Pérez, donde en términos cariñosos despidió al que fue desde la creación del Club un excelente socio investigador de vinos y buena gastronomía, Joan Camps. Por otra parte, en esta ocasión nos visitó Javier Fernández, representante consular de la Oficina Comercial de España en Taipéi.

El primer vino fue presentado por quien escribe esta crónica. El vino elegido fue el albariño Muti de Rias Baixas, 2014, una creación personal del enólogo español Raúl Pérez. Un prestidigitador del vino que cree en lo que podría denominarse como revolución vinícola española: “Hemos viajado unos cien años durante tan solo treinta y nos hemos aproximado tanto a Francia que estamos al mismo nivel, por lo menos”. Con Muti, Raúl Pérez quiere acercarse a los sabores originales, a aquellos que hacen que bebamos vino como si estuviéramos en la taberna más cercana a casa, departiendo sentires y pensamientos con quienes compartimos tiempo de comunicación y amistad. La frescura, la suavidad y la persistencia están detrás de lo que plantea el vino Muti, un vino (monovarietal) para beberlo. A continuación, como contraste y con acierto, se presentó otro albariño (Rías Baixas), por parte de Carmen Martín: Terra Gauda Etiqueta Negra, 2012. Un vino diferente al anterior, un coupage: Albariño (70%), Loureiro (20%) y Caíño Blanco (10%). Un vino muy intenso en el color que se abre a grandes aromas frutales y que en boca es voluminoso, muy estructurado, envolvente, donde trasciende una firme crianza en barrica de roble francés.

A los vinos blancos le sucedió la presentación de los vinos tintos. El primero de ellos, Valduero 6 años Reserva Premium (monovarietal de Tinta Fina). Un vino de Ribera del Duero de 2009. Este vino presentado por Catalina Shiao, destaca por su larga crianza de treinta y seis meses en barricas de roble (americano, francés, húngaro y rumano), más otros treinta y seis meses de envejecimiento en botella. Es un vino que denota seriedad en el color, muy opaco, en nariz, fruta negra, elementos minerales y pétreos, y con recuerdos de castañas o café. En boca, de nuevo mucho carácter por la larga presencia de la madera en su gusto, así, el tostado, lo ácido y los taninos. Y una larga persistencia. El último vino, el cuarto, fue un vino de toro (monovarietal, Tinta de Toro), un Cyan Pago de la Calera, 2002. Un vino de larga vida que mostró características nacidas, según nos dijo su presentador, Moisés Gutiérrez, de su larga crianza (dieciocho meses en barrica y cuarenta y ocho en botella). Lo mejor del vino su frágil edad en donde permanecían su vieja relación con el roble francés y sus consecuencias, los tostados, el tabaco de pipa y el cacao. Un fuerte y pausado equilibrio simultáneo.