El último sábado del mes de abril de este año en curso, se celebró en Taichung, en el Hotel EverGreen, en el bar, en el salón de fumadores (estos remiten y el lugar se encuentra solitario y acogedor) la Tertulia Literaria (Casa de España en Taiwán) en torno a la emblemática obra de Kafka, El proceso (1914-1915).

George Steiner en “K”, ya nos sitúa sobre un autor muy cercano a nosotros, en términos de Auden (según cita Steiner): «Si hubiera de citarse al autor que más se aproxima a nosotros con aquella misma relación que con sus contemporáneos tuvieron Dante, Shakespeare y Goethe, el primero en que se pensaría sería indudablemente Kafka». Un autor, Kafka, nos dice Steiner (en «K»), del cual se ha escrito sobradamente: «Una inmensa montaña de literatura se ha levantado en torno de un hombre que durante toda su vida no publicó más que media docena de relatos y bocetos». Para Steiner Kafka es un profeta porque tuvo «la posesión de una premonición espantosa, el hecho de haber visto hasta la meticulosidad la amalgama del horror. “El proceso” exhibe el modelo clásico del estado de terror. Prefigura el sadismo furtivo y la histeria que el totalitarismo desliza en la vida privada y sexual, el hastío sin rostro de los asesinos. Desde que Kafka se puso a escribir, la llamada nocturna ha sonado en puertas sin número y el nombre de aquellos que son arrastrados para morir “!como un perro!” es legión. Kafka profetiza la forma contemporánea de aquel desastre del humanismo occidental que Nietzsche y Kierkegaard habían contemplado como una incierta mancha negra en el horizonte».

De los comentaristas de Kafka podemos obtener la mejor versión del significado de su obra y en especial de El proceso. Así, Theodor Adorno, en «Apuntes sobre Kafka» nos certifica todos los temidos temores de lo que el mundo contemporáneo supone para la vida del hombre según predice Kafka: «que el hombre ha perdido la salud, que se le confunde el camino a lo absoluto, que su vida es oscura y confusa o, como hoy dicen, que se mantiene en la nada, y que no puede hacer más que cumplir sus deberes inmediatos, modestamente y sin mucha esperanza, y adaptarse a una comunidad que espera de él precisamente esa docilidad». Debemos manifestar que nuestra tertulia, precisamente, se opone a esa docilidad que se espera del hombre contemporáneo, más acuciante aún hoy debido a internet y sus mandatos. Frente a la oscuridad de la existencia para la vida de tantos hombres (miles de millones) que se traza en el organigrama demográfico y político de las sociedades de los siglos XX y XXI, se levanta la lectura de libros como El proceso de Kafka y debatir sobre la agitación que esconden. Se puede pensar que son libros y autores inaccesibles, ni mucho menos, son, en este caso, iluminadores (la verdadera ilustración) y expresionistas, para atraparnos y mostrarnos una realidad oculta, hermética, pero reconocible, si simplemente la observamos. De tal modo lo entendió Hannah Arendt (En «Kafka, revalorado»): «(Kafka) prescindió de todo experimento y de todo manierismo. Su lenguaje es claro y sencillo como la lengua cotidiana, aunque exquisitamente pulcro y neutral».

Frente a la burocracia, la falsedad, el silencio, la connivencia, la deshumanización; y, por qué no decirlo, frente al buenismo, combaten las grandes lecturas y los entretenidos debates de los amantes de las tertulias. Tertulias en vivo. Tertulias en Taichung.