El pasado 4 de marzo, el Club del Vino de la Casa de España en Taiwán celebró en Taipéi su cata número 27. Por ausencia forzosa de dos de sus socios titulares, José Campos y Joan Camps, al restante grupo de 10 se unieron como invitados Francisco Flores e Íker Izquierdo. 12 afortunados fuimos, por tanto, los que disfrutamos de las tres marcas de renombre programadas para ese día: Clarión, Emina Atio y 200 Monges.

Como de costumbre, una vez sentados a la mesa redonda, en el reservado habitual del restaurante Sabatini, el presidente del club, Francisco Luis Pérez, leyó su discurso de bienvenida, que en esta ocasión versó, y advirtió, sobre la incidencia del cambio climático en el mundo del vino, que a tenor de lo escuchado parece ser más seria de lo que en principio podría pensarse.

A continuación, ya con las primeras viandas sobre la mesa, Lidia Lee presentó el muy afamado y premiado Clarión, de la bodega Viñas del Vero, uno de los productores de referencia de la denominación de origen Somontano (de Barbastro, Huesca). Nuestra socia Lidia, que compró el vino el verano pasado a pie de obra (léase en la propia ciudad de Barbastro), comenzó remarcando el carácter “azul” del Clarión, pues fue elegido para maridar la cena de la jornada anterior a la boda de los actuales reyes de España, de la que por cierto pronto sde cumplirán 14 años. Como es sabido, el Clarión, tomamos la añada de la tardía cosecha de 2013, se confecciona a base de una selección de las mejores uvas blancas de los mejores pagos de Viñas del Vero. Cuáles son estas uvas, y en qué porcentaje se ensanblan, es un misterio o secreto celosamente guardado por la bodega, aunque supuestamente se trata de las mejores chardonnay, gewürztraminer y riesling. El caso es que este blanco enamoró a los comensales por su vistosidad, su intenso y complejo aroma frutal y, sobre todo, por su suave, sedoso y largo paso de boca. Durante su degustación se discutió sobre el nombre “clarión”, que también designa un instrumento musical.

Una vez terminado de saborear el realengo Clarión, llegó el turno de los dos tintos de tronío: Emina Atio 2006 y 200 Monges Gran Reserva 2001, que en esta ocasión habían sido adquiridos por el  Club en Taiwán a nuestro fiel patrocinador Oriol Ayne, de DO Vinos Taiwán, a quien queremos expresar desde aquí nuestra sincera gratitud.  

Primero le tocó rendir cuentas al Ribera de Duero, es decir, al Emina Atio, un vino de pago, 100% tempranillo, proveniente del Pago del Horno en Valbuena de Duero. Lo presentó con arte el novato Daniel García, que se estrenaba como nuevo socio del Club. Daniel nos reveló que el nombre elegido para este exclusivo vino era un homenaje de la bodega a Atio, líder milenario de los antiguos vacceos, el pueblo que habitaba la zona de la Ribera del Duero antes de la llegada del Imperio Romano. La tumba del tal Atio fue encontrada en la necrópolis de Pintia, en Padilla de Duero, junto a vasijas y ánforas con restos de vino, que constituyen los primeros vestigios de vino catalogados en la zona y prueban así la amplia tradición vitivinícola en la zona del Duero.

Volviendo a ls características del vino, el Emina Atio no solo es especial por su crianza, 18 meses en barrica más otros 16-24 en botella, sino también porque de él únicamente se elaboran 5000 botellas cuando las añadas son excepcionales. Al tratarse la de 2006 de una buena añada de la Ribera del Duero, se esperaba, y felizmente pudimos confimar, un buen perfil aromático y un gran equilibrio de sabores, alcohol, taninos y acidez. Limpio, brillante, de profundo color picota y capa muy alta, gustó mucho su intensidad aromática y su evolución: fruta negra y notas especiadas al principio que, con los minutos, daban paso a cacaos, ahumados y tostados con ligeros toques minerales. En definitiva, un vino de exhuberante en nariz, carnoso y pleno en boca, y largo y elegante final, que no defraudó.

Por último, nuestro hispanobritánico más querido, Giles Witton, presentó con su particular arte sevillano el 200 Monges Gran Reserva 2001, un Rioja clásico de Bodegas Vinícola Real. Con una cuidada seleccion de uvas tempranillo (85%), Graciano (10%) y Garnacha (5%), este caldo se sirvió como aconseja la bodega y el sentido común, decantado, a fin de poder apreciar su potencial aromático en plenitud. De color cereza cubierto, en nariz pudimos sentir el complejo y balsámico aroma a frutos del bosque bien maduros. Encantó también en boca por su potencia y aterciopelados taninos, perfectamente integrados, a lo que se añadía su persistente y especiado final. Estuvimos todos de acuerdo en que estábamos ante un vino de categoría, sabroso y elegante. Un remate excepcional para una cata espectacular, cuyo altísimo nivel, ya habitual en el Club, estamos seguros de que se mantendrá en lo sucesivo.