El pasado domingo 7 de octubre se celebró en Taipéi, donde de costumbre (Restaurante Sabatini), la XXIX Cata del Club del Vino de la Casa de España en Taiwán, es decir, la primera de su octava temporada, o sea, que han transcurrido siete años desde que comenzamos esta genial aventura. Aparte del equipo de 11 titulares al completo, tras la baja de Markus Matthes la temporada pasada, asistieron también Daniel Carretero Lozano, a la postre nuevo socio de la Casa y del Club, y nuestro socio honorario perpetuo Santiago Rupérez Sanmatri.

El programa oficial de vinos consistió en un Tío Pepe Fino Dos Palmas 2017, DO Jerez-Xérès-Sherry, presentado por Giles Witton-Davies; seguido de un blanco, 12 Lunas 2017 de la Bodega El Grillo y La Luna, DO  Somontano, presentado por Lidia Lee; y un Lataste 2011 de la bodega Lalanne, también Somontano, presentado por quien suscribe. Adicionalmente, gracias a la generosidad de Santiago Rupérez, a estos tres vinos se le sumó, extraoficialmente y como remate y sorpresa final, un Conde de Hervías Reserva 2005, glosado por el propio Santiago, como no podía ser de otra forma.  

El evento propiamente dicho empezó, como viene siendo habitual, con el apasionado, sustancioso y bien preparado discurso de ocasión pronunciado por el presidente del Club, Francisco Luis Pérez Expósito. Luego hizo su presentación nuestro nuevo socio, Daniel Carretero, de profesión sumiller, nada menos, una cualificación que estamos seguros de que va aportar mucho a nuestros encuentros, como ya tuvimos ocasión de comprobar ese mismo día.

Seguidamente, con las primeras viandas sobre la mesa, de un menú de nuevo exquisito, nuestro querido Giles nos ilustró con sus explicaciones sobre la Colección de Finos Palmas de González Byass, puro carácter Tío Pepe, en la que se incluye el Dos Palmas que enseguida pasamos a catar. De variedad Palomino, se notaba que estábamos ante un fino añejo, criado ocho años con “la flor”, muy intenso en nariz, potente en boca, algo salado y un pelín amargo. Sin embargo, sus casi 16 grados de alcohol, y el hecho de degustarlo al principio de la comida, cogieron desprevenido a más de uno. En todo caso, y sin lugar a dudas, se trata de un fino contundente y especial que, como curiosamente explicó Giles, cuesta más en España que el Reino Unido (como casi todos los jereces).

Sin más dilación, de las calurosas y sureñas tierras andaluzas pasamos a las norteñas de polvo, niebla, viento y sol (grande, Labordeta), es decir, a las oscenses del Somontano de Barbastro, cuyos venerados caldos estaban doblemente representados en la comida. En primer lugar, Lidia presentó, con su desenvoltura y simpatía habituales, dos de las 11 000 botellas del blanco 12 Lunas, de la bodega familiar, de singular nombre, El Grillo y La Luna, que con apenas 48 hectáreas produce algunos de los mejores vinos de la península, que es como decir del mundo. Su cata sorprendió y dejó maravillados a los comensales, como reiteraron sin titubeo tanto nuestro nuevo sumiller Daniel (Carreretero) como nuestros expertos en blancos, Carmen y Daniel (Rodríguez). ¿El secreto? Sin duda la selección y magistral combinación de la mayoritaria Chardonnay (94%) con la catalizadora Gewürztraminer (6%), así como sus cuatro meses de crianza y el cuidado con mimo durante todo el proceso. Con un color amarillo limón deslumbrante en copa y un toque de dulzor óptimo, ideal además para el mercado taiwanés, encandiló su intenso aroma a melocotón y piña, además de su carácter sedoso, graso y fresco en boca. En definitiva, un blanco con volumen y muy perfumado que gustó mucho a todos, aunque algunos se tiraron de los pelos al saber que no puede ser adquirido en Taiwán.

A continuación, sin salirnos de las amables tierras barbastrenses, yo mismo me encargué de dar a conocer a los allí congregados otra desconocida, para algunos, joya de la DO Somontano: el Gran Vino Lataste 2011, de la bodega Lalanne, una empresa con centenarios antepasados bordeleses. Como en el caso anterior, este excepcional tinto fue todo un descubrimiento para los miembros del Club, si bien en los últimos años la mayoría ya ha podido comprobar el grueso calibre de lo que se cuece en las cubas del Somontano y se han convertido a la fe enológica que se profesa en este territorio. El Lataste es un sabrosísimo cóctel, misteriosa e ingeniosamente bien concebido y ejecutado, elaborado a partir de las mejores uvas, lo mejor de lo mejor, de la Finca San Marcos, propiedad de los Lalanne, a saber: Cabernet Sauvignon, Merlot, Tempranillo, Syrah y Pinot Noir, cuyas plantaciones, por cierto, fueron traídas de Burdeos sobre pie americano hace más de 125 años. Con 12 meses de crianza en barrica y una producción numerada de tan solo 5 000 botellas, en las copas del Sabatini esta añada de 2011 irradiaba un intenso, brillante y limpio color rojo cereza, que luego en nariz se revelaba con un aroma balsámico muy potente y persistente, con recuerdos a madurísimas frutas rojas. Ya en boca, desde el principio se notaba que estábamos ante un elixir fresco, sabroso y equilibrado, con un paso envolvente y largo, consecuencia de un perfecto ensamblaje entre los gentiles taninos y el preciso tostado de la barrica. En definitiva, un vino elegante y exquisito, rico en matices, que hace honor al buen hacer de los bodegueros de la comarca del Somontano de Barbastro, que desde hace tiempo son quienes verdaderamente cardan la lana en el contexto vitivinícola español.

Terminamos la sesión de cata con dos botellas del Conde de Hervías, un Rioja Alta Reserva, de 2005 en esta ocasión, del que Santiago Rupérez nos contó que estaba enamorado y cómo, al igual que las famosas patatas fritas, cada vez que abría una botella, sin saber por qué, no podía tomar solo una copa, pues algo especial tenía este vino que le llamaba a seguir bebiendo. Con este hiperbólico exordio, Santiago consiguió captar nuestra atención desde el principio. Muy atinadamente, por cierto, ya que el tinto de Conde de Hervías, procedente de viñedos situados en la localidad de Torremontalbo y originarios nada menos que del siglo XIII, es ciertamente de una calidad superior a muchos otros riojas, y así lo pudimos comprobar por segunda vez en la historia de nuestro Club: definitivamente, Conde de Hervías, al igual que ocurre con muchos somontanos, juega en una liga aparte.

En fin, que empezamos la nueva temporada como terminamos la anterior, catando cuatro vinos, a pesar que la última vez nos conjuramos para que no se repitiera la hazaña. Esta XXIX cata también nos trajo la siempre feliz compañía de nuestro querido Santiago, además de la nueva membresía de Daniel Carretero, a quien por supuesto todos dimos nuestra más calurosa bienvenida y a quien deseamos que disfrute de esta experiencia única en Taiwán que es el Club del Vino, un club que nunca defrauda.